Debate 3: neutralidad tecnológica vs. desarrollo dirigido

julio 11, 2008

Posición de partida: este tema se plantea desde la asunción de la centralidad de los actores sociales en los procesos de cambio tecnológico y social. Es decir, asumimos que las relaciones sociales (de poder, de solidaridad, económicas, políticas) han sido centrales -y lo siguen siendo- en la historia de la tecnología. Aclaramos que cuando hablamos de “desarrollo tecnológico” no estamos hablando de “descubrimientos”.

Tecnología es, según la primera acepción que propone el Diccionario de la Lengua Española, el conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico([1]). Estas teorías y técnicas han sido y son desarrolladas por personas, y más allá de que en algunos casos sonados se pueda hablar del azar en relación a su desarrollo, entendemos que la casualidad sólo es aprovechable cuando se soporta en un corpus de conocimiento que, como todos, ha sido socialmente elaborado. Como dice la célebre frase (dejaremos de lado el debate sobre su autoría): Si he visto más lejos es porque me apoyé sobre los hombros de gigantes. Sea de quien sea, esta sentencia muestra el reconocimiento del trabajo que antecede al trabajo propio, del valor que los avances previos tienen en relación a los que nosotr@s mism@s hacemos.

Con esta apreciación nos sacamos de encima el tema del azar en el desarrollo tecnológico, o como mínimo le sacamos la centralidad que a veces se le da para desviar la atención de otras cuestiones, a nuestro entender más importantes.

Antes de preguntarnos cuáles son estas cuestiones, vamos a tratar de refutar la hipótesis del desarrollo tecnológico neutral. Volvamos a la definición del Diccionario de la Lengua Española. Habla del aprovechamiento práctico del conocimiento científico. Y por eso de nuevo es necesario clarificar la diferencia entre conocimiento científico y tecnología. Hagámoslo con un ejemplo claro: a base de mucha investigación, el conocimiento científico acerca de la energía nuclear ha aumentado hacia campos muy variados, desde el estudio de su transformación controlada (energía eléctrica o mecánica) hasta la investigación sobre sus reacciones descontroladas (armamento nuclear)[2]. Digamos que hasta aquí tenemos conocimiento científico. Evidentemente las motivaciones para investigar una u otra cosa no son precisamente banales, pero pongamos que la curiosidad científica fuera algo incuestionable.

Ahora bien, no parece demasiado neutral elegir construir una bomba atómica, dar un aprovechamiento práctico al conocimiento científico, porque en la construcción de armamento, parece, hay algo más que curiosidad científica.

Entonces, más que neutral (porque nada que implique individuos con intenciones, sean cuáles sean lo es) el conocimiento científico puede ser variado: distintos intereses pueden estar muy bien representados a lo largo y ancho del mundo. Si bien los recursos, obviamente, limitan la elección de los objetos de estudio su variedad es mucho mayor que la cantidad de aprovechamiento(s) práctico(s) del conocimiento científico. Es decir, puede existir conocimiento científico en múltiples direcciones pero no los recursos o posibilidades de transformar este conocimiento científico en tecnología.

Hemos dicho antes que asumimos que las relaciones sociales son centrales en la explicación del desarrollo tecnológico. En este contexto, la disponibilidad de recursos, materiales o no, marca una pauta de desigualdad en dichas relaciones de manera tal que unos aprovechamientos prácticos se llevan a cabo y otros no. Conociendo mejor las características de estas relaciones sociales podemos acercarnos un poco a la explicación de por qué la tecnología se desarrolla en unas y no en otras direcciones.

Volvamos ahora al caso más concreto de la tecnología informática. Unas primeras cuestiones que podemos plantearnos, para ir delimitando los actores presentes en estas relaciones son ¿quién se beneficia del desarrollo tecnológico?¿en qué condiciones se produce este desarrollo?

Existen fuertes discursos que nos hablan de la democratización que supone para la sociedad la introducción de herramientas en red, la participación de las personas en la creación de contenidos a través de internet y de la web social. Pero… ¿realmente tod@s nos beneficiamos en la misma medida de este salto tecnológico? Y por otro lado, ¿tenemos el mejor aprovechamiento práctico posible?

Pareciera que estas dos cuestiones están muy relacionadas. Por un lado resulta evidente que no tod@s nos beneficiamos en la misma medida… para acceder a los recursos que brinda la tecnología digital se necesitan recursos (básicamente materiales si partimos de la idea de que todo en esta vida se aprende) en forma de equipos personales e infraestructuras de red colectivas, como mínimo. Por otro lado, se precisa también software que nos permita interactuar con los equipos y a los equipos entre sí, y aquí es donde entra la segunda cuestión planteada: incluso dentro del grupo privilegiado que accede a estos recursos individuales y colectivos existe un desaprovechamiento práctico del conocimiento científico.

Y aquí entra la cuestión que planteábamos un par de párrafos más arriba: ¿a quién beneficia el desarrollo tecnológico?
En este punto podemos traer a colación otro debate, en el que se plasman dos visiones contrapuestas en relación al desarrollo de software:

Debate 3.1 Sin M$ la web tendría el desarrollo que tenía hace 15 años vs. El monopolio dificulta el desarrollo de software


La primera de las opciones presupone que el impulso al desarrollo del software relacionado con la web ha sido obra de iniciativas empresariales y, que si no hubiera sido de este modo, no estaríamos en el lugar donde estamos ahora. Contrariamente, la segunda visión sostiene que el desarrollo basado en iniciativas empresariales monopolísticas supone un freno al desarrollo del software dado que lo limita al entorno del monopolio. Más allá de defender una u otra opción en términos de lo que ha sido valdría la pena retornar a planteamientos éticos que sitúen la discusión en términos de lo que debería ser o querríamos que fuera. De nuevo aquí planteamos el desarrollo tecnológico desde la perspectiva de la no neutralidad y en ese sentido nos preguntamos… ¿para qué queremos el desarrollo? ¿para que se beneficien algun@s (en este caso los monopolios) o para que nos beneficiemos tod@s?

Dicho esto, nos inclinamos a pensar que el monopolio dificulta, por lo menos, el tipo de desarrollo que queremos, aquél que tiene en cuenta las particularidades locales de los distintos grupos sociales inmersos en el proceso tecnológico y no sólo las que el monopolio decide desarrollar (hablamos en términos de idioma, de necesidades locales (sean estas empresariales o públicas), de inquietudes personales o colectivas… El monopolio en cuanto a software impide, mediante la ocultación de las herramientas de construcción de tecnología, en este caso el código, que actores con intereses distintos a los empresariales puedan beneficiarse de los avances tecnológicos y de conocimiento científico, que desde épocas remotas han pertenecido al conjunto de la sociedad.

Economía y desarrollo tecnológico

Parece evidente a estas alturas que para algunas empresas, el monopolio sobre cierto conocimiento científico y sus aprovechamientos genera enormes beneficios, y de ahí sus recelos a liberar el código y buscar otras formas de negocio que no pasen por la exclusión de amplios grupos del disfrute de estos avances. Las estrategias para hacer cautiv@s a l@s usuari@s son diversas. Podemos leer algunos ejemplos aquí [3] o aquí [4]. En este punto simplemente queremos remarcar las intensas relaciones que existen entre el desarrollo tecnológico y científico y la pura y dura ganancia monetaria. Y queremos también dejar planteada unas preguntas para la reflexión… ¿es este el modelo de desarrollo que queremos? ¿preferimos avanzar rápido y poc@s (si es que el dilema 3.1 se decanta por la primera opción) o más despacio pero tod@s? ¿Es sostenible este modelo en el largo plazo, podemos evaluar ya hoy sus consecuencias?


Algunas cosas para ir leyendo:

- Prohibido Pensar, Propiedad Privada — La privatización de la vida, el conocimiento y la cultura ([5])

En la página 167, en un capítulo llamdo “Por qué el futuro no nos necesita”, Bill Joy nos dice…

Y sin embargo yo creo que tenemos una firme y sólida base para la esperanza. Nuestros intentos de lidiar con armas de destrucción masiva en el último siglo nos proveen un reluciente ejemplo de abstención para considerar: el abandono unilateral de EEUU, sin prerrequisitos, del desarrollo de armas biológicas. Este abandono se basó en la toma de conciencia del hecho de que mientras que significaría un enorme esfuerzo crear estas terribles armas, podrían, a partir de entonces, ser fácilmente reproducidas y caer en manos de naciones hostiles o de grupos terroristas. La clara conclusión fue que desarrollar estas armas crearía peligros adicionales para nosotros, y que estaríamos más seguros si no las desarrollábamos. Hemos reafirmado nuestra abstención de las armas biológicas y químicas en la Convención sobre Armas Biológicas de 1972 (Biological Weapons Convention, BWC) y en la Convención sobre Armas Químicas de 1993 (Chemical Weapons Convention, CWC). Si como neutralidad tecnológica entendemos la ‘no influencia’ de distintas esferas de la sociedad (política, económica, geográfica, científica…) en sus procesos de desarrollo, entonces todo pareciera indicar que esta asunción es falaz.


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